dimarts, 9 d’agost de 2016

UN SI A LA DEMOCRACIA DIRECTA

A partir del inesperado resultado del referéndum sobre el Brexit, en amplios sectores políticos, especialmente conservadores, se cuestiona la democracia directa como elemento de participación ciudadana. Opinan que el referéndum no debía haberse convocado, ni tampoco haberlo celebrado en Escocia. Todo parece indicar que se ha iniciado una campaña, para deslegitimar el consultar directamente a los ciudadanos.

A título de ejemplo, Josep Mª Colomer en el diario El País, “Oligarquía o demagogia”, ( 25 julio 2016 ), afirma que “ En territorios grandes con sociedades complejas y problemas difíciles, la democracia directa y participativa degenera, como vemos en los referendos y populismos de diversa factura. La alternativa es el gobierno de los partidos”.

Colomer opina que la toma de decisiones directas por los miembros de una comunidad es un mecanismo propio de la asamblea popular en un barrio o ciudad. No funciona en ámbitos más amplios en los que se requiere competencia técnica, un cierto distanciamiento de los problemas, pactos y apertura mental.

El establishment ve con preocupación que los ciudadanos pueden tomar decisiones de gran calado al margen de los partidos políticos tradicionales sobre los que tiene una notable influencia. Por eso aceptan que los ciudadanos decidan asuntos del barrio, que como dicen, son más sencillos de comprender, pero no en temas más complejos. Esta visión es compartida por muchos dirigentes del PP y del PSOE, que ven como su pretendido monopolio de la política, se vea perjudicado por la capacidad de los ciudadanos de tomar decisiones importantes al margen de los partidos.

El Brexit ha sido un serio aviso. El establishment se siente amenazado, y por ello toda propuesta que vaya en contra de sus privilegios o de su acumulación de riqueza se intenta desacreditar con la etiqueta de “populismo”. El populismo de derechas e izquierdas existe, pero no todo es populismo. A la democracia directa se la critica también con los clásicos argumentos de la poca preparación de los ciudadanos para entender problemas complejos, el poder ser influidos por grupos de presión, la facilidad con que se puede hacer demagogia o que facilita el voto de protesta. Algunos de estos argumentos recuerdan los utilizados en el lejano siglo XIX para negar el voto ciudadano; como mal menor, se auspiciaba el sufragio censitario por el cual solo podían votar les persones de sexo masculino que tuviesen propiedades, riqueza o un elevado nivel cultural. 

Llevado al extremo, la descalificación de la democracia directa supone una negación al principio de igualdad de derechos de todos los ciudadanos para decidir sobre los asuntos de interés colectivo. Es cierto que tiene riesgos y que debe tener límites, por ejemplo, que no se pueda votar contra los derechos fundamentales de las personas o del sentido común. Pero sus riesgos, no son mayores que los que nos ofrece diariamente la democracia representativa. Como es posible que una persona tan ignorante y cretina como Donald Trump haya llegado a ser candidato a presidente de los Estados Unidos? Como puede ser que en España el PP, comprometido a fondo con la corrupción, haya ganado les elecciones españolas de 2016 y aumentado sus votos en los territorios donde la corrupción fue más descarada? O es que los partidos tradicionales no usan la demagogia y falsas promesas en les campañas electorales?  

Segun Colomer dado el descredito de la política y la falta de honestidad generalizada, la propuesta de Aristóteles del “gobierno de los mejores”, no son ya, la democracia y la aristocracia, sino, la demagogia y la oligarquía, y entre esas dos fórmulas, la aristocracia oligárquica debe ser considerada la menos mala.

Afortunadamente esta opinión no es compartida por muchos. El descredito de la política, ha acabado con la confianza ciega en los políticos y expertos. Han surgido con fuerza movimientos de base, progresistas, que reivindican tanto la democracia directa como la representativa para poder influir en las decisiones públicas. El cambio de época con el uso de internet, abre también nuevos espacios de participación democrática.

Los partidos, parlamentos, y gobiernos, siguen siendo el elemento central en todo sistema democrático. Pero el perfeccionamiento del sistema debe basarse también en usar las oportunidades que ofrecen la democracia directa, participativa y digital. Todos estos instrumentos deben contribuir a una mayor participación de los ciudadanos en la toma de decisiones políticas y a una mayor transparencia, control y evaluación de la gestión pública. Todo ello redundará en mejorar la degradada calidad democrática del sistema.

Francesc Raventós
Exdecano Colegio de Economistas de Catalunya
 
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